Zángano… pero nada perezoso

EL aguilucho que cruzó el Estrecho el mismo día de su liberación

El seguimiento de los ejemplares liberados dentro del proyecto de conservación del aguilucho cenizo (Circus pygargus) que desarrolla Tumbabuey en Andalucía nos deja, en ocasiones, historias que reflejan el enorme esfuerzo y dedicación de quienes trabajan por esta especie. La historia de K9R, conocido como Zángano, es una de esas que nos recuerdan por qué cada intervención cuenta.

Zángano en las instalaciones del ZooBotánico de Jerez

Zángano nació el el Zoo Botánico de Jerez (https://tumbabuey.org/entidades-zoo-jerez/ )a partir de un huevo rescatado en la finca jerezana Zangarriana, durante la campaña de conservación en la provincia de Cádiz. Como es habitual en el programa, el huevo fue incubado artificialmente y el polluelo criado mediante la técnica de hacking, que permite a las aves desarrollarse en condiciones controladas pero con contacto visual con el entorno natural, favoreciendo su adaptación al medio antes de la liberación.

Tras su desarrollo en el voladero de presuelta y alcanzar un peso óptimo, fue liberado junto a otros ejemplares. Durante los primeros 17 días tras la suelta, su comportamiento fue el esperado: permaneció en las inmediaciones del voladero, alimentándose por sí mismo, sin alejarse del área de liberación y bajo seguimiento constante gracias a su dispositivo GPS.

Localizaciones de Zangano antes de su migración

Sin embargo, durante una de las sesiones de observación desde el hide instalado cerca del voladero, se detectaron signos compatibles con tricomoniasis (plumaje apelmazado y sucio, engrosamiento de la mucosa), una enfermedad frecuente en rapaces.

Zangano libre mostrando síntomas de tricomoniasis

La reacción fue inmediata. Se activó el protocolo de captura y atención veterinaria con la colaboración del equipo de voluntariado de Tumbabuey y la coordinación técnica del Programa regional de conservación de la especie de la administración medioambiental de la Junta de Andalucía.

Equipo de AMAYA revisando a Zángano después de su captura

En la revisión se constató que, pese a la afección, el ave presentaba un excelente estado general, con buena masa corporal y fuerza muscular. La lesión se encontraba localizada únicamente en la cavidad bucal, una circunstancia muy favorable para su recuperación. De haberse extendido al buche —algo que sucede con frecuencia en casos más avanzados—, el pronóstico habría sido mucho más grave e incluso irreversible.

El tratamiento consistió en dos dosis de medicación específica frente a la tricomoniasis, administradas con un intervalo de 15 días. Durante este periodo, Zángano permaneció en el voladero bajo vigilancia diaria y alimentación controlada por el equipo de voluntariado.

Gracias a la rápida actuación y al seguimiento constante, la evolución fue muy positiva. El ave mostró una rápida recuperación y mantenimiento del peso, demostrando una notable vitalidad y un comportamiento activo.

Durante la segunda revisión veterinaria realizada por una voluntaria de Tumbabuey, además de comprobar su total recuperación, se aprovechó para sustituir su emisor GPS, ya que el dispositivo original había dejado de emitir señal durante el tratamiento. La revisión confirmó que Zángano estaba en plenas condiciones físicas para su segunda liberación.

Zángano antes del tratamiento
Zángano después del tratamiento

Lo que nadie esperaba era lo que ocurrió a continuación.
 Apenas unas horas después de ser liberado nuevamente, Zángano emprendió vuelo hacia el sur, iniciando sin demora su migración otoñal. Su trayectoria fue directa: cruzó el Estrecho de Gibraltar ese mismo día, siguiendo el impulso natural de la especie hacia sus áreas de invernada africanas.

Sólo ocho días después, gracias a la conexión GSM de su nuevo emisor, el equipo de seguimiento confirmó la noticia que todos esperábamos: Zángano había completado con éxito su travesía transahariana, alcanzando la franja del Sahel, en Mauritania, en las proximidades de Timbedra.

Viaje de Zángano hasta su zona de invernada

El caso de Zángano es especialmente destacable por varios motivos. Por un lado, demuestra la importancia del seguimiento individualizado y la respuesta temprana ante cualquier signo de enfermedad en los ejemplares liberados. Por otro, resalta el instinto migratorio innato del aguilucho cenizo, capaz de orientarse hacia África incluso sin haber realizado vuelos exploratorios previos.

Además, su comportamiento previo a la migración refleja una sorprendente “prudencia” natural: no inició el viaje mientras estaba enfermo, lo que probablemente fue decisivo para su supervivencia.

La historia de Zángano sintetiza el objetivo último del proyecto de Tumbabuey: dar una segunda oportunidad a cada ave rescatada, asegurando no solo su recuperación física, sino también su plena reintegración al ciclo natural de la especie.

Hoy, Zángano vuela libre sobre las tierras del Sahel, recordándonos que cada esfuerzo en conservación cuenta, y que el trabajo coordinado entre voluntariado, veterinarios y equipos técnicos puede marcar la diferencia entre la vida y la pérdida de una especie.


 Asociación Tumbabuey
 Por la conservación del aguilucho cenizo y la biodiversidad andaluza.

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